jueves, 12 de septiembre de 2013

Y la gente, en España, se sorprende

Ayer Cataluña propinó a España uno de los mayores golpes en el estómago que tenía la capacidad de darle. Digo Cataluña, y no Catalunya, de la misma forma que digo Estados Unidos, y no United States, o Pekín, y no Beijing. Hablo de los habitantes Cataluña con mi idioma, con el que mejor sé expresarme, pero no asumo que puedo decidir por ellos, ni intento demonizarles, ni pienso que sean víctimas de un lavado de cabeza. Les dejo hablar, intento escuchar. Tampoco escucho al Govern, agarrando un movimiento popular y haciéndolo suyo. No escucho a una clase política que habla en neolengua, que no expresa verdades, que sigue una agenda. Escucho a las personas cuando deciden expresarse. Y dicen que están hartos, que no aguantan más. Observo que más de un millón y medio de pares de manos se entrelazan entre sí, que lo hacen de forma pacífica, con ilusión... ¿y por qué?, me pregunto. La respuesta: quieren irse de España.

Y la gente, en España, se sorprende.

Quieren huir de esta ranciedad, de un eterno retorno, de una mentira mantenida durante lustros. De un país cuyo gobierno impide que las familias busquen los cadáveres de sus familiares enterrados en cunetas. De un país que se niega a reconocer que hubo una dictadura. De un país a cuya gente se le exige que olvide el pasado, sin dar remedio alguno para cicatrizar heridas que siguen abiertas. De un país donde se dedica presupuesto público a mantener monumentos en honor de genocidas y que elige que en sus calles se homenajee al alzamiento fascista en lugar de a héroes. De un país que concede amnistías a matanzas en Vitoria y en Paracuellos. De un país en cuya capital se les insulta y en el que grupos neonazis entran a sus anchas en una librería y les rocían con gas pimienta, mientras las nuevas generaciones del partido gobernante imitan sus saludos.

Y la gente, en España, se sorprende.

Anhelan escapar de una nación cuyo gobierno está matando la educación, la sanidad, la ciencia, la cultura, la solidaridad, a nuestros inmigrantes y a nuestros pensionistas. De una nación con una capital que privatiza hospitales para ahorrar la misma cantidad por la que su equipo de fútbol ficha a un jugador. De una nación cuya cadena pública retransmite tortura animal a la que una parte considerable de la población llama “la fiesta nacional”. De una nación en la que existe el toro de Vega y en la que hasta hace dos días se tiraban cabras desde lo alto de campanarios.

Y la gente, en España, se sorprende.

Desean separarse de un estado en el que la gente no lee, en el que el fracaso escolar es la norma dominante, en el que el un 56,1% de los menores de 25 años no tienen trabajo. De un estado en el que pululan los Bárcenas, los Urdangarines y los Botines, los Zapateros y los Rajoys, las Cospedales y los Rubalcabas. De un estado en el que se sigue votando a un político al que le ha tocado 7 veces la lotería y nadie se pregunta nada -y el que se lo pregunta acaba siendo multado-. De un estado cuyos presidentes autonómicos no abandonan el cargo, y cuando lo hacen, acaban en el senado, en un cementerio de elefantes donde cobran un sueldo por no hacer absolutamente nada. De un estado en el que los empresarios piden que se pueda contratar a becarios de 40 años, en el que se aspira al despido libre y en el que se despide por acción sindical sin consecuencia alguna.

Y la gente, en España, se sorprende.

Pretenden escindirse de una España que no habla inglés, que queda en ridículo frente al mundo entero y cuyos integrantes defienden lo indefendible. De una España envidiosa, rancia, que no se alegra del triunfo ajeno, que no sabe perder. De la España del cotilleo y el marujeo. De la España en la que la prensa y los documentales languidecen mientras Hombres, Mujeres y Viceversa se perpetúa. De la España que quitó CNN+ y puso Gran Hermano 24horas. De la España que elimina la asignatura de Filosofía y reimplanta la de Religión. De la España del dedismo, de los asesores, del primo de mi cuñado que sabe de informática y te lo meto en la casa consistorial. De la España cañí, inculta y abotargada. De la España en la que cuatro locos luchan por los derechos de todos y la gente los llama perroflautas y se ríe de ellos. De la España que no contrató a Manu Brabo, de la España que perdonó la muerte de José Couso, de la España que despide a Ramón Lobo, de la España que no lloró a Enrique Meneses y que tampoco lo hará cuando muera Manuel Leguineche.

Quieren huir de España.

De la España con un 27% de paro.

De la España con una generación perdida obligada a emigrar.

De la España que ya no lee a Quevedo.


Y la gente, en España, se sorprende.


Y a mí, lo que me sorprende, es que aún quedemos gente en España.


Forges

jueves, 25 de abril de 2013

De por qué se han hecho mal las cosas con el tema Jorge Santiago

En primer lugar: para aquellos que acudan en busca de barro, no voy a valorar o juzgar las –supuestas– acciones de Jorge Santiago Barnés que han aparecido en la prensa local esta mañana.  Tampoco voy a comentar su posterior comunicado, pues considero que la información que nosotros alumnado poseemos es, en primer lugar, escasa y, en segundo pero no menos importante, inevitablemente parcial.

Me voy a ceñir únicamente al modo en el que se están desarrollando los acontecimientos. Esencialmente en dos puntos: la responsabilidad de las autoridades de la universidad en este asunto y nuestra propia responsabilidad como alumnado.

Hablando de lo mal gestionado del tema desde arriba (y no hablo de ninguna persona en concreto pues desconozco la cadena de mando en estos procedimientos): han demostrado mucha ignorancia, mucha cobardía, o, probablemente, algo de cada. Cualquier alumno mínimamente atento al día a día de la facultad sabía sobradamente que algo ocurría, pese a que la mayoría no supiera de qué se trataba exactamente. El nombre de Jorge Santiago sonaba mucho en la rumorología del día a día de la facultad, y no eran pocos los profesores que eran conscientes del conocimiento de los alumnos sobre los eventos ocurridos. Es más, toda duda que pudiera tener la institución sobre si el alumnado estaba al tanto de los sucesos ocurridos debería haberse disipado el pasado 21 de abril cuando la recién creada cuenta de Twitter @upsasubterranea difundió por la red social lo que muchos ya sabían, pero muchos otros no.



Es decir, muchos alumnos estaban informados. Peor aún: estaban mal informados. Y los rumores más disparatados empezaron a correr frenéticamente.

La ironía del tema no es poca: la capacidad de comunicación de la Facultad de Comunicación ha demostrado ser pésima. Que el tema saltara a la prensa era cuestión de tiempo, y ese tiempo debería haber sido aprovechado por la institución para hacer llegar a los alumnos algún mensaje que impidiera el revuelo que se está viviendo en este momento, y que hace que muchos nos preguntemos si no había otra forma de proceder.

En definitiva: las maneras en la que los alumnos se han ido enterando del tema han sido muchas y variadas, pero ninguna de ellas ha tenido que ver con la institución. Y eso, viniendo de una facultad que pretende inculcar en sus alumnos una ética y un compromiso a la hora de informar, es triste.

Pero ahora viene la parte de responsabilidad que nos incumbe a nosotros, el alumnado, y que no es poca. Creo que es aplicable a todos, pero voy a centrarme en la que es mi carrera y en la que resulta más flagrante el tema: periodismo.

Nadie se ha cortado un pelo a la hora de difundir rumores sólo porque “habían oído por ahí que…”. Parece que estos años estudiando no han servido para nada. Ha sido una de nuestras primeras oportunidades para demostrar que no sólo somos unos universitarios cualesquiera, sino que somos –o pretendemos ser– periodistas. Y no deberíamos fiarnos de los rumores que se gestan en una facultad, y mucho menos darles voz, máxime cuando incluyen a profesores y vicedecanos por los que muchos de nosotros poseemos cierto afecto o guardamos un agradecimiento. Deberíamos haber adoptado una actitud responsable hacia el tema y haber puesto en práctica aquello que se supone que hemos aprendido: antes de hablar de un tema comprometido, comprobar fuentes.

Ahora ya es tarde, pero tenemos otra posibilidad ante nosotros: cómo reaccionar ante los eventos que han sucedido. Basta con ver los comentarios de las noticias en la versión online de la gaceta para observar como un batallón de alumnos y exalumnos se dividen entre pro-Jorge y anti-Jorge. Me parece una forma muy irrespetuosa, aprovechada y precipitada de reaccionar a los sucesos. ¿No queremos ser periodistas? Mejor dicho, ¿no queremos ser buenos periodistas? Pues bien, actuemos como tal. No dejemos que nuestras experiencias personales con un profesor nos condicionen a la hora de elaborar juicios de valor sobre temas tan serios. Ciñámonos a los datos verificados, las fuentes fidedignas y, sobre todo, al respeto hacia la verdad, y no hacia la rumorología estúpida y habitual que ha propiciado esta situación.

Si queremos algún día ser buenos profesionales, empecemos actuando como tal.

martes, 26 de marzo de 2013

Chipre para dummies

El tratamiento que se está dando estos días a Chipre desde la prensa es una clara muestra de un fenómeno propio de nuestra era: la sobrecarga informativa. El bombardeo de datos es incesante y, muchas veces, contradictorio, lo que provoca todo tipo de reacciones y gritos al cielo: ¡La troika no se cansa de derribar países! ¡Chipre era un paraíso fiscal de oligarcas rusos y tiene que pagar por ello! ¡Los depósitos asegurados dejan de estarlo! ¡España puede ser la siguiente! ¡#Wearecyprus!

Tampoco ayuda mucho el hecho de que las cabezas visibles del Eurogrupo demuestren reiteradamente su capacidad para, hablando en plata, acojonar a todo hijo de vecino con sus funestas declaraciones. El máximo exponente en este sentido es su presidente, el holandés Jeroen Dijsselbloem, una persona que hace cierto el dicho de “cuando habla, sube el pan” (o, para ser más concretos, la prima de riesgo).

Me dispongo a intentar, de forma breve y esquematizada, ordenar toda la información relativa a Chipre de estas últimas semanas de modo que el lector pueda hacerse una idea de qué demonios está pasando en la isla. Un "Chipre para dummies", si se prefiere.

Empecemos por lo básico:



Chipre es un estado miembro de la Unión Europea desde 2004. Su capital es Nicosia y la población total del país es de algo más de 1 millón de habitantes.

Chipre ha sido hasta ahora lo que se conoce como un semiparaíso fiscal, es decir, poseía un impuesto de sociedades extremadamente bajo (al 10%), lo que atraía a empresas extranjeras a depositar su capital en los bancos de la isla. Se ha hablado mucho de grandes fortunas rusas, pero como demuestra Yves Smith en Naked Capitalism ni todos los depósitos extranjeros provenían del gigante eurasiático, ni mucho menos pertenecían a grandes oligarcas, sino más bien a un elevado número de pequeñas empresas y ahorradores de clase media. Un artículo publicado en el New York Times evidencia la legalidad del asunto: “Todo el dinero sucio que pudiera fluir por Chipre queda eclipsado por los fondos generados por negocios legítimos que buscaban formas sencillas y legales de evitar grandes impuestos".

Una vez desmontada la teoría de la existencia de grandes oligarcas rusos blanqueando dinero en Chipre como si no hubiera mañana, toca reconocer lo evidente: el tamaño de los bancos estaba fuera de control. Los activos de las entidades financieras chipriotas a inicios de este año eran 7,1 veces superiores al PIB del país

La crisis griega desencadenó la tragedia: en marzo de 2012 se acordó una quita que depreciaba los bonos griegos en más de la mitad de su valor. Los bancos de la isla perdieron más de 4.500 millones de euros en apenas 24 horas y se inició la espiral que llevaba a la bancarrota del país. Pese a que Chipre sólo supone el 0,2% del PIB de la Eurozona, el riesgo de contagio al resto de países periféricos ya diezmados por la crisis (España incluida) convirtió el rescate chipriota en el núcleo de las preocupaciones del Eurogrupo.

A partir de aquí se impuso la tónica general en estos casos: Europa, con la Alemanía de Merkel a la cabeza, quiere que los países que la han pifiado paguen los platos rotos y se imponen condiciones de austeridad severísimas para el rescate bancario.

Pero aquí viene la, de nuevo hablando en plata, cagada monumental por parte de la UE a la hora de gestionar la crisis: la imposición de que parte del rescate se costeara con todos los depósitos de los bancos de Chipre, incluyendo los inferiores a 100.000 euros, teóricamente intocables. El parlamento chipriota, como era de esperar, no aceptó las condiciones, lo que mostró las vergüenzas del Eurogrupo, con episodios tan lamentables como Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, gritando “Yo no he sido”

Ante semejante chapuza, se impuso un necesario plan B. La troika llegó a un acuerdo con el gobierno de la isla de modo que sólo se vieran afectados los depósitos no asegurados (los de más de 100.000 euros), salvando así la inminente bancarrota de Chipre in extremis, para variar. Los mercados celebraron enormemente la decisión, aplaudiendo las extremas medidas de austeridad incluidas en el acuerdo, regocijándose y reduciendo la presión sobre los países que corrían el riesgo de contagio… durante apenas unas horas.

Foto: Cantabria Liberal
Ese es el tiempo que tardó el anteriormente mencionado Jeroen Dijsselbloem en, hablando en plata por última vez, joderlo todo una vez más indicando que lo ocurrido en Chipre podría servir de modelo para futuras crisis bancarias en otros paísesY de nuevo los mercados desatados, la prima de riesgo de Italia y España por las nubes, la Eurozona tratando de rectificar lo antes posible para que no cunda el pánico… el ciclo habitual.

En conclusión, la increíble bola de nieve chipriota que se ha formado en los medios de comunicación es el resultado de tres factores: la –ya habitual– pésima gestión de las situaciones de crisis por parte del Eurogrupo, la imagen romántica de un país relativamente insignificante resistiendo el desmedido embiste inicial de la troika alemana y, finalmente, las desafortunadas “perlas” que a lo largo de todo el conflicto han ido dejando los líderes del Eurogrupo en forma de declaraciones. Estos factores, unidos a la volatilidad de los mercados y su capacidad para mojar los pantalones ante la mínima señal de riesgo, han hecho del diminuto país un gigante mediático.

Espero que todo haya quedado más o menos claro. Nos vemos en la siguiente crisis. No creo que tarde mucho.

Viñeta por Andrew Sheets

miércoles, 20 de marzo de 2013

Crash Course: World History

Hoy quiero compartir con vosotros una de las mayores joyas que me he encontrado en mis largas travesías por internet: Crash Course


Crash Course es un canal educativo de Youtube iniciado por los hermanos Hank y John Green que, de forma entretenida y amena, nos forma en 6 temas: Historia Estadounidense, Química, Ecología, Literatura, Biología e Historia del mundo. Cuentan con la colaboración de Smart Bubble Society Inc., quienes aportan una sencilla, simpática y a la vez increíblemente efectiva animación gráfica a cada episodio. Todas y cada una de las secciones son apasionantemente didácticas y aptas tanto para los conocedores del tema como para aquellos que deseen empezar desde un nivel cero de conocimiento. Yo voy a hablar de la sección más completa y que es mi absoluta favorita: Historia del mundo.

Crash Course: World History cuenta con 42 episodios, cada uno de 12 a 13 de minutos de duración. Empieza con la revolución de la agricultura y acaba con dos capítulos dedicados a la globalización, pasando por Egipto, Grecia, Roma, los mongoles, la era de las revoluciones...

Me resulta imposible describir la cantidad de conocimiento que estas casi 9 horas de visionado aportan. Cuánto debería aprender el sistema educativo español de estos vídeos. John Green toma como referencia una gran multitud de historiadores con el objetivo de ayudarnos a deshacernos de la percepción eurocentrista de la historia que tanto caracteriza nuestra educación tradicional. El resultado: conocimiento y entretenimiento a partes iguales. El problema (o el beneficio extra, en mi caso y en el de todo aquel que busque perfeccionar el idioma): los vídeos son en inglés, y desgraciadamente no todos están subtitulados. 

A continuación tenéis uno de mis episodios favoritos: Las revoluciones haitianas.


¿Por qué este episodio me gusta tanto?


Cada vez que pensamos en Haití se nos viene a la cabeza el desastre, la pobreza, la desolación… y no sin razón. Hace 3 años que más de 300.000 personas murieron en el terremoto y más de un millón quedaron damnificados. Pensamos en esa nación como una marginada y desdichada parte del mundo apartada del resto, a la que donar unos cuantos euros y dedicar otros tantos pésames. La mayoría de la gente ni siquiera sabe colocar Haití en el mapa, y pocos son los que se acuerdan hoy en día de la situación que vive el país. Quizá la razón de que todavía quede gente en nuestro país que sí lo tiene presente sea el continuo recordatorio en las viñetas de Forges: "Pero no te olvides de Haití"



No se me ocurre mejor manera de terminar que la que de John Green en el episodio antes mencionado:

Las revoluciones haitianas importan, y mucho. 

Importan porque los haitianos, más que cualquier otra población en la era de las revoluciones, mantuvieron la concepción de que nadie debería ser esclavo; y que son las personas que más necesitan la ayuda de los gobiernos las que más la merecen.

Haití luchó por los más débiles cuando el resto del mundo rehusó a hacerlo. La próxima vez que leáis acerca de la pobreza de Haití, recordadlo.

martes, 19 de marzo de 2013

El día de los padres



Es difícil recordar a alguien que conociste 9 años cuando llevas 14 sin él. No hablo únicamente de dificultad emocional, hablo de auténticas trabas. Los recuerdos son difusos, no continuos, pequeños parches en la memoria. Todos te hacen sonreír, amargamente, sí, pero sigues sonriendo.

Sigue siendo un orgullo que te digan lo que te pareces a él, pese a que en ocasiones cueste ponerle rostro, como si fuera un cuadro surrealista, algo oscuro, con sfumato. Sigues sonriendo estúpidamente cuando te dicen que has heredado su humor, aun cuando eres incapaz de recordar tan sólo uno de sus chistes. Realmente, no necesito recordar más. Existen grabaciones suyas, las veo de vez en cuando, pero no siento que me acerquen más a él. Porque yo no necesito sus memorias para saber quién fue. Yo ya sé quién fue.

Fue un ser humano, como cualquiera de nosotros. Fue un artista, un humorista, un pacifista. Fue muchas veces escatológico, soez, informal. Nunca fue convencional, mezquino, cobarde, conformista. Nos quiso a todos con locura, del mismo modo que todos le amamos a él. Respetaba las normas de tráfico, se presentó ante su suegra por primera vez con unas chanclas cangrejeras, aparecía cada mañana en la puerta de mi cuarto con un calcetín en cada mano y unos calzoncillos en la cabeza. Quería verme cada mañana, pese a que trabajaba en casa y tenía el horario libre, como libre fue él. Estaba orgulloso de mí hasta estallarle el pecho, aun cuando todavía no había demostrado nada. Era ingenioso, mordaz, innovador. Era un gran padre y un gran marido. Era una de las personas más bellas que ha existido jamás.

Jose Enrique Martínez Reus nos abandonó a todos el 09/09/1999, demostrando que una persona puede ser original hasta en el día de su muerte. Demostrando también que hasta las llamas que brillan con más vivacidad, intensidad y alegría pueden extinguirse en cualquier momento. Pero esa llama nunca desaparece totalmente, pues siguen portándola aquellos que fueron iluminados por su luz, quienes recibieron su calor, quienes se mantuvieron cerca de ella. Aquellos que jamás podrán olvidarla.

Muchísimas gracias.


Pero el cargo de padre no debería recaer únicamente en aquel de quien portas el ADN, sino también en quien se ha portado como tal.



Llegó de improvisto, un día cualquiera. Había pasado tiempo, quizá no el suficiente, quizá sí. 

Era demasiado diferente a todo aquello a lo que nos habíamos acostumbrado: ordenado, calculador, racional y con un humor incomprensible. Acometió la difícil tarea de llenar un vacío que yo estaba seguro que nadie podía ocupar, y tardé mucho (demasiado) tiempo en reconocer lo obvio: que me había equivocado. Ya sea enseñando a afeitarse a un chaval que a día de hoy sigue sin necesitarlo o ayudando a resolver problemas matemáticos y físicos a quien acabaría estudiando periodismo, estuvo ahí. Él me enseñó Gattaca por primera vez. En cierto modo, hizo lo imposible: que pareciera que siempre había estado ahí, sin desplazar ningún tipo de figura paterna anterior, sin interponerse, tan sólo superponiéndose.

No es fácil introducirse entre dos lazos tan fuertes como los de una madre viuda y su hijo huérfano. Marino Sebastián Izuel no sólo lo consiguió: lo transformó en una familia que en nada –y a la vez en todo- se diferencia de una habitual. Aprendimos de él tanto como él aprendió de nosotros, y tuvo que soportar momentos muy difíciles con un crío bastante insoportable, chillón y confuso por el que casi tuvo que irse de casa. No fue hasta el último minuto, a punto de marcharse él, cuando el chaval se dio cuenta de que ya no podía existir una vida sin él; o, para ser concretos, que ya no quería una vida sin él. “Por favor, quédate, haz feliz a mi madre”, le dijo. Después se abrazaron.


Marino lleva más de 50 años de vida sin un sólo regalo el día del Padre.

Pero lleva más de 10 siéndolo.

Muchísimas gracias.

martes, 5 de marzo de 2013

Paréntesis

Suena:


En ocasiones uno se cansa del planteamiento, nudo y desenlace. Empieza fuerte, con estilo, sigue en orden, termina con un gran boom; impresiona, engancha, mantente como telón de fondo, oculto, atmosférico. Sé un gran escritor, toma ejemplo de los grandes.

Hoy no, hoy voy a hacer un poco lo que me apetezca, ya que de eso va todo.

En ocasiones uno sólo necesita música, unas luces apagadas y dejarse llevar. No es un mero confesionario, es una necesidad de caos, de cambio en lo autoimpuesto, en los propósitos, en la tónica general. Estructuras circulares, saltarse pasos, empezar la casa por la jodida chimenea si hace falta.

Vivir es jugarse la vida.

Suena:



Refugiados en nosotros mismos, mirando con lupa los cortos segmentos en los que vivimos, nunca echando la cabeza hacia atrás, fijándonos en la recta completa, en el continuo. Tantas veces con visión de túnel cuando estamos en espacios abiertos, incapaces de mandar a tomar viento el nudo gordiano, tratando de desenredar complejidades y sólo consiguiendo tornarlas en obstáculos infranqueables. Incapaces de relajarnos, de dejarnos llevar, siempre con algo en mente. Corriendo sin mirar el camino en busca de objetivos a largo plazo. Refugiándonos en la identidad, en lo que somos, sin darnos cuenta de lo que fuimos o lo que seremos. Asnos de Buridán que no saben decidir entre dos campos de avena de apariencia igual de suculenta, muriendo de hambre en el proceso.

Vivir es hacer planes. E incumplirlos.

Suena: 



“La angustia es el vértigo de la libertad”, decía Kierkegaard. Hasta el más frío de los existencialistas era capaz de ver la oportunidad en la elección. El llamado salto de fe. Abandonar nuestro refugio, aquello en lo que siempre hemos creído a pies juntillas, atrevernos a mirar más allá de lo que nos ha impuesto el mayor de los carceleros: uno mismo. Abandonar la complejidad, regirnos por la simpleza. Por lo que realmente queremos, no por lo que deberíamos querer. Muchas veces tan vanidosos que nos creemos capaces de controlarlo todo, de moldear nuestro día a día con precisión de cirujano. Ilustres ignorantes estamos hechos.

Luego llegan las consecuencias, y cedo el turno a la canción:

Tired of lying in the sunshine 
Staying home to watch the rain 
You are young and life is long 
And there is time to kill today 

And then the one day you find 
Ten years have got behind you 
No one told you when to run 
You missed the starting gun
 

Vivir es no dejarte nada para la vuelta.

Suena: 



Y en el fondo, ¿qué somos? Personas destinadas a arrepentirnos de lo que hicimos, de lo que no hicimos y de lo que casi hicimos. Al carajo con eso, leñe. Mientras haya tiempo para leer un buen libro, mantener una conversación interesante o simplemente para pensar, seguiremos siendo afortunados. El resto, meros adornos; decoración que podemos cambiar a nuestro antojo. No podemos controlar nuestro presente, ni los acontecimientos, ni lo que va a ocurrir. Lo único que podemos hacer es aceptar y vivir. ¡Vivir! Que son dos días. Y a dormir, que ya son horas.

Vivir es ser coherente con uno mismo.

Ah, y escuchar Dark Side of the Moon. Eso sí que es vida.

martes, 19 de febrero de 2013

Sentarse a mirar atrás


Narra en un artículo Hector Anaya, profesor de la UNAM, como una vez Gabriel García Márquez fue preguntado acerca de la complicada relación entre periodismo y literatura. Con la sencillez críptica que le caracteriza, respondió el maestro colombiano que lo ideal sería que la poesía fuera cada vez más informativa y el periodismo cada vez más poético.

Vivimos en una época en la que el periodismo se ve muchas veces reducido a la noticia. El hecho, el suceso, la información inmediata, las 5 W –tan necesarias como rancias-. A esto es a lo que se le da importancia, a esta especie de mosaico informativo formado por hechos noticiosos con poca o ninguna relación entre sí. La gente busca saber lo que ha pasado de forma esquemática y sencilla; y después, por separado, busca la opinión de aquellas personas que considera merecedoras de ser escuchadas. Los géneros híbridos, como el reportaje o la crónica, son cada vez más relegados a los domingos o a ediciones especiales, como si existiera una diferencia clara entre lo que es importante (la noticia en sí) y lo que es baladí (el contexto y la exposición). Parece que no hay espacio para literatura en el frenético mundo 2.0, donde se valora más el poder expresar algo en 140 caracteres que un análisis exhaustivo o diferente.

Y sin embargo, si analizamos la historia reciente, esta no hace más que recordarnos que no son pocas las ocasiones en las que periodismo y literatura se han fundido, y que de esta simbiosis han surgido algunos de los máximos exponentes en ambos sectores. No hace falta irse muy lejos para encontrar ejemplos: ¿no es, acaso, gracias a escritores como Orwell que tenemos una visión mucho más nítida de los claros y oscuros de la izquierda durante la Guerra Civil Española? ¿No son los poemas de Miguel Hernández un reflejo mucho más profundo del sentir del bando republicano del que cualquier libro de historia podría expresar? ¿Cómo sabríamos por quién doblan las campanas si no es por Ernest Hemingway?

John Reed narró con pasión y minuciosidad Los diez días que estremecieron al mundo, Elena Poniatowska relató con inclemencia y rigor La trágica noche de Tlateloco, y Fiodor Dostoievski describió con dolor y crudeza sus Memorias de la casa muerta. En todas estas obras el lector no sólo recibe una cantidad de información mucho mayor que la que percibiría en los periódicos de la época, sino que, en cierto modo, es partícipe de ellas. La literatura, en su fusión con  el periodismo, permite esta sensación de integración en el relato de los acontecimientos: arrancar al lector de su puesto de observador impasible para hacerle recorrer los entresijos de una trama que súbitamente pasa a ser mucho más real que cualquier noticia que podamos leer. Sea el retrato de una ciudad que vive la culminación de una revolución que iniciaría un nuevo orden mundial, el sentir popular antes, durante y tras una terrible matanza estudiantil o la descripción de la soledad y el sufrimiento dentro de una cárcel siberiana, cualquiera puede asomarse a estos relatos y no sólo estar informado de lo que ocurrió, sino también sentir cómo se vivió en el momento.

El problema surge en el momento en el que el periodismo se anexionó a esta rueda del progreso en la cual todo va cada vez más deprisa y existe menos tiempo para detenerse a analizar el panorama, mientras que la literatura continúa su necesariamente lento y reflexivo proceso de elaboración. Frenéticos mosaicos de noticias descontextualizados contra largos relatos donde el entorno es construido con mimo y detalle.

Qué razón tenía el maestro Márquez. Cuán mejor resultaría si el relato literario se cargara en mayor medida de contenido informativo y las noticias de poesía, reflexión y belleza. Es posible que así el periodismo pudiera abandonar esa frenética rueda y hacer lo que hace tiempo que debió hacer: sentarse a analizar nuestra historia. Quizás entonces descubriría un siglo XX lleno de relatos desgarrados e historias valiosas. Cien años de guerras, gritos silenciados y voces apenas escuchadas. Cien años de pueblos desaparecidos cuya historia sigue viva gracias a palabras valientes. Cien años de lucha y muertos en el lodo. Cien años de soledad.


lunes, 7 de enero de 2013

Adios, Enrique



Sólo lo vi una vez. No fue en persona, las limitaciones de su avanzada edad y enfermedad hicieron que tuviera que ser por Skype. Hablé con él unas pocas palabras diez minutos antes de la conferencia, y luego presidí la mesa tras la cual habló por una gran pantalla ante decenas (quizás un centenar, ojalá hubieran sido miles) de asistentes. Lo hizo desde su casa, con tubos de oxígeno y haciendo un enorme esfuerzo con cada palabra que pronunciaba, pero nada le impidió hablar de periodismo y de su vida, conceptos tan juntos en su caso que no sabías donde acababa uno y dónde empezaba otro. Esta mañana uno de ellos acabó, y el otro se quedó cojo para siempre.

Esa era toda la relación personal que tenía con Enrique Meneses, y sin embargo la noticia de su muerte me ha impactado como muy pocas. Hoy es un día triste para gran parte del planeta, puesto que pocos son los sitios que Enrique dejó sin visitar, sin analizar,  sin retratar con su cámara. A todo periodista o estudiante de periodismo se le ha muerto un padre hoy.

Podría detenerme en contar su vida, pero lo dejo en manos de personas que tuvieron la suerte y el honor de conocerlo mucho mejor que yo: Gervasio Sánchez y Ramón Lobo.

Yo me marcho a comprar sus memorias, “Hasta aquí hemos llegado” las cuales tengo vergonzosamente pendientes desde hace tiempo. No tengo más palabras. Adios, Enrique, nunca te olvidaré.

jueves, 3 de enero de 2013

Nunca más

Las mujeres de India ya tienen a su Rosa Parks. La lentitud de la evolución de los derechos humanos en la antigua colonia británica, no obstante, ha hecho que sea necesario mucho más que negarse a cambiarse de asiento. La joven de 23 años fue violada y torturada por seis individuos mientras volvía con su novio del cine en un autobús público. Una barbaridad impensable aquí, una realidad cotidiana en la India, donde sólo en Nueva Delhi se calcula que se produce una violación cada 14 horas.

Un manifestante exhibe una pancarta en Nueva Delhi. Fuente: NDTV

Y sin embargo, el vaso del dolor y el hartazgo se ha colmado tras esta terrible gota, sin que esta resulte la última. Las calles se llenan con un grito de indignación, las mujeres reclaman la protección legal que les es vetada, las velas de duelo y las imágenes de la fallecida –a la que la prensa ha bautizado como Amanat- se distribuyen a lo largo y ancho de India con la celeridad propia de la rabia popular. La clase política comienza a reaccionar por fin, tarde, como es habitual. El primer ministro, Manmohan Singh y la presidenta, Sonia Ghandi, acompañaron el féretro que contenía los restos de la joven. No os engañe el apellido, nada tiene que ver con Mahatma, igual que no lo tiene esta cara oscura de la India.

¿A dónde lleva todo esto? ¿Se trata de un despertar o de un grito de rabia e impotencia especialmente alto? Sólo el tiempo dirá. Mientras tanto India continúa su crecimiento económico al 7% anual, uno de los más elevados del mundo, al igual que China. Son países similares: emergentes potencias, con una superpoblación preocupante y una desigualdad económica brutal, además de continuas violaciones de los derechos humanos. En India, el 42% de la población total (1.173 millones de habitantes, el equivalente a 25 veces la población de España) vive con menos de un dólar diario, y un 75% con dos dólares.



Desigualdad, pobreza, falta de derechos y desprecio por el estado de bienestar. Factores constantes en países de economía emergente, factores cada vez más visibles en países en crisis, como el que nosotros habitamos. Hoy India llora la trágica muerte de una joven, mientras en Málaga un hombre casado y con hijos se quema a lo Bonzo por no tener ni para comer. Similitudes, paralelismos, conexiones. Otro fuego arde, esta vez, en el interior.

Para que no haya más inocentes, como Amanat, hacen falta más valientes, como Rosa Parks. No tenemos que abandonar nuestro asiento si no queremos, ni nuestro piso, ni nuestra vida, ni nuestras esperanzas. En ocasiones, basta con un mero posicionamiento, con una determinación: hasta aquí, no más, nunca más.

Forges, El País, 21 de julio de 2001

martes, 1 de enero de 2013

2013: Capítulo 1

Fallaron los Mayas. No les culpo, me considero pésimo haciendo predicciones. Sólo hay que mirar un poco más abajo para encontrar una entrada de hace casi un año en la que criticaba los propósitos de año nuevo. El tiempo ha fluido desde entonces y aquí me encuentro, el día 1 de enero retirando el polvo acumulado en este blog tras meses y meses de abandono. ¿Contradictorio? Sí. ¿Típico? Mucho.

Creo que estaba equivocado la última vez que describí el inicio de un nuevo año, trivializándolo como una mera fecha que marca el final de un periodo de traslación completa alrededor del sol. A un nivel meramente físico es eso, pero los seres humanos funcionamos diferente. Acabar un año es cerrar un libro lleno de escritos y encontrar frente a otro totalmente en blanco: tú serás el que lo complete, el que le vaya dando forma, el que decida dentro de los límites impuestos sobre qué versará. Cada año el proceso se repite, pero siempre queda ese último vistazo a la biografía progresiva que dejas atrás. Entonces sonríes, o niegas con la cabeza, o te ríes, incluso gente mira para otro lado.

Yo no quiero eso, quiero aprender de errores ortográficos del pasado, ver qué capítulos se repiten demasiado, cuáles necesitarían más importancia. El objetivo es que cada año el libro que se escribe por sí sólo sea más completo, más agradable de leer, más interesante, más amplio. Dejar el año con una sonrisa y abrir con ansia devoradora la portada del siguiente. Es lo que estoy intentando hacer, de modo que considerad este el capítulo 1 de este año 2013. Sed bienvenidos de nuevo, acomodaos y leed aquello que os interese de ahora en adelante.

La mejor parte de este libro es que no está limitado a las palabras.