lunes, 7 de enero de 2013

Adios, Enrique



Sólo lo vi una vez. No fue en persona, las limitaciones de su avanzada edad y enfermedad hicieron que tuviera que ser por Skype. Hablé con él unas pocas palabras diez minutos antes de la conferencia, y luego presidí la mesa tras la cual habló por una gran pantalla ante decenas (quizás un centenar, ojalá hubieran sido miles) de asistentes. Lo hizo desde su casa, con tubos de oxígeno y haciendo un enorme esfuerzo con cada palabra que pronunciaba, pero nada le impidió hablar de periodismo y de su vida, conceptos tan juntos en su caso que no sabías donde acababa uno y dónde empezaba otro. Esta mañana uno de ellos acabó, y el otro se quedó cojo para siempre.

Esa era toda la relación personal que tenía con Enrique Meneses, y sin embargo la noticia de su muerte me ha impactado como muy pocas. Hoy es un día triste para gran parte del planeta, puesto que pocos son los sitios que Enrique dejó sin visitar, sin analizar,  sin retratar con su cámara. A todo periodista o estudiante de periodismo se le ha muerto un padre hoy.

Podría detenerme en contar su vida, pero lo dejo en manos de personas que tuvieron la suerte y el honor de conocerlo mucho mejor que yo: Gervasio Sánchez y Ramón Lobo.

Yo me marcho a comprar sus memorias, “Hasta aquí hemos llegado” las cuales tengo vergonzosamente pendientes desde hace tiempo. No tengo más palabras. Adios, Enrique, nunca te olvidaré.

jueves, 3 de enero de 2013

Nunca más

Las mujeres de India ya tienen a su Rosa Parks. La lentitud de la evolución de los derechos humanos en la antigua colonia británica, no obstante, ha hecho que sea necesario mucho más que negarse a cambiarse de asiento. La joven de 23 años fue violada y torturada por seis individuos mientras volvía con su novio del cine en un autobús público. Una barbaridad impensable aquí, una realidad cotidiana en la India, donde sólo en Nueva Delhi se calcula que se produce una violación cada 14 horas.

Un manifestante exhibe una pancarta en Nueva Delhi. Fuente: NDTV

Y sin embargo, el vaso del dolor y el hartazgo se ha colmado tras esta terrible gota, sin que esta resulte la última. Las calles se llenan con un grito de indignación, las mujeres reclaman la protección legal que les es vetada, las velas de duelo y las imágenes de la fallecida –a la que la prensa ha bautizado como Amanat- se distribuyen a lo largo y ancho de India con la celeridad propia de la rabia popular. La clase política comienza a reaccionar por fin, tarde, como es habitual. El primer ministro, Manmohan Singh y la presidenta, Sonia Ghandi, acompañaron el féretro que contenía los restos de la joven. No os engañe el apellido, nada tiene que ver con Mahatma, igual que no lo tiene esta cara oscura de la India.

¿A dónde lleva todo esto? ¿Se trata de un despertar o de un grito de rabia e impotencia especialmente alto? Sólo el tiempo dirá. Mientras tanto India continúa su crecimiento económico al 7% anual, uno de los más elevados del mundo, al igual que China. Son países similares: emergentes potencias, con una superpoblación preocupante y una desigualdad económica brutal, además de continuas violaciones de los derechos humanos. En India, el 42% de la población total (1.173 millones de habitantes, el equivalente a 25 veces la población de España) vive con menos de un dólar diario, y un 75% con dos dólares.



Desigualdad, pobreza, falta de derechos y desprecio por el estado de bienestar. Factores constantes en países de economía emergente, factores cada vez más visibles en países en crisis, como el que nosotros habitamos. Hoy India llora la trágica muerte de una joven, mientras en Málaga un hombre casado y con hijos se quema a lo Bonzo por no tener ni para comer. Similitudes, paralelismos, conexiones. Otro fuego arde, esta vez, en el interior.

Para que no haya más inocentes, como Amanat, hacen falta más valientes, como Rosa Parks. No tenemos que abandonar nuestro asiento si no queremos, ni nuestro piso, ni nuestra vida, ni nuestras esperanzas. En ocasiones, basta con un mero posicionamiento, con una determinación: hasta aquí, no más, nunca más.

Forges, El País, 21 de julio de 2001

martes, 1 de enero de 2013

2013: Capítulo 1

Fallaron los Mayas. No les culpo, me considero pésimo haciendo predicciones. Sólo hay que mirar un poco más abajo para encontrar una entrada de hace casi un año en la que criticaba los propósitos de año nuevo. El tiempo ha fluido desde entonces y aquí me encuentro, el día 1 de enero retirando el polvo acumulado en este blog tras meses y meses de abandono. ¿Contradictorio? Sí. ¿Típico? Mucho.

Creo que estaba equivocado la última vez que describí el inicio de un nuevo año, trivializándolo como una mera fecha que marca el final de un periodo de traslación completa alrededor del sol. A un nivel meramente físico es eso, pero los seres humanos funcionamos diferente. Acabar un año es cerrar un libro lleno de escritos y encontrar frente a otro totalmente en blanco: tú serás el que lo complete, el que le vaya dando forma, el que decida dentro de los límites impuestos sobre qué versará. Cada año el proceso se repite, pero siempre queda ese último vistazo a la biografía progresiva que dejas atrás. Entonces sonríes, o niegas con la cabeza, o te ríes, incluso gente mira para otro lado.

Yo no quiero eso, quiero aprender de errores ortográficos del pasado, ver qué capítulos se repiten demasiado, cuáles necesitarían más importancia. El objetivo es que cada año el libro que se escribe por sí sólo sea más completo, más agradable de leer, más interesante, más amplio. Dejar el año con una sonrisa y abrir con ansia devoradora la portada del siguiente. Es lo que estoy intentando hacer, de modo que considerad este el capítulo 1 de este año 2013. Sed bienvenidos de nuevo, acomodaos y leed aquello que os interese de ahora en adelante.

La mejor parte de este libro es que no está limitado a las palabras.