martes, 26 de marzo de 2013

Chipre para dummies

El tratamiento que se está dando estos días a Chipre desde la prensa es una clara muestra de un fenómeno propio de nuestra era: la sobrecarga informativa. El bombardeo de datos es incesante y, muchas veces, contradictorio, lo que provoca todo tipo de reacciones y gritos al cielo: ¡La troika no se cansa de derribar países! ¡Chipre era un paraíso fiscal de oligarcas rusos y tiene que pagar por ello! ¡Los depósitos asegurados dejan de estarlo! ¡España puede ser la siguiente! ¡#Wearecyprus!

Tampoco ayuda mucho el hecho de que las cabezas visibles del Eurogrupo demuestren reiteradamente su capacidad para, hablando en plata, acojonar a todo hijo de vecino con sus funestas declaraciones. El máximo exponente en este sentido es su presidente, el holandés Jeroen Dijsselbloem, una persona que hace cierto el dicho de “cuando habla, sube el pan” (o, para ser más concretos, la prima de riesgo).

Me dispongo a intentar, de forma breve y esquematizada, ordenar toda la información relativa a Chipre de estas últimas semanas de modo que el lector pueda hacerse una idea de qué demonios está pasando en la isla. Un "Chipre para dummies", si se prefiere.

Empecemos por lo básico:



Chipre es un estado miembro de la Unión Europea desde 2004. Su capital es Nicosia y la población total del país es de algo más de 1 millón de habitantes.

Chipre ha sido hasta ahora lo que se conoce como un semiparaíso fiscal, es decir, poseía un impuesto de sociedades extremadamente bajo (al 10%), lo que atraía a empresas extranjeras a depositar su capital en los bancos de la isla. Se ha hablado mucho de grandes fortunas rusas, pero como demuestra Yves Smith en Naked Capitalism ni todos los depósitos extranjeros provenían del gigante eurasiático, ni mucho menos pertenecían a grandes oligarcas, sino más bien a un elevado número de pequeñas empresas y ahorradores de clase media. Un artículo publicado en el New York Times evidencia la legalidad del asunto: “Todo el dinero sucio que pudiera fluir por Chipre queda eclipsado por los fondos generados por negocios legítimos que buscaban formas sencillas y legales de evitar grandes impuestos".

Una vez desmontada la teoría de la existencia de grandes oligarcas rusos blanqueando dinero en Chipre como si no hubiera mañana, toca reconocer lo evidente: el tamaño de los bancos estaba fuera de control. Los activos de las entidades financieras chipriotas a inicios de este año eran 7,1 veces superiores al PIB del país

La crisis griega desencadenó la tragedia: en marzo de 2012 se acordó una quita que depreciaba los bonos griegos en más de la mitad de su valor. Los bancos de la isla perdieron más de 4.500 millones de euros en apenas 24 horas y se inició la espiral que llevaba a la bancarrota del país. Pese a que Chipre sólo supone el 0,2% del PIB de la Eurozona, el riesgo de contagio al resto de países periféricos ya diezmados por la crisis (España incluida) convirtió el rescate chipriota en el núcleo de las preocupaciones del Eurogrupo.

A partir de aquí se impuso la tónica general en estos casos: Europa, con la Alemanía de Merkel a la cabeza, quiere que los países que la han pifiado paguen los platos rotos y se imponen condiciones de austeridad severísimas para el rescate bancario.

Pero aquí viene la, de nuevo hablando en plata, cagada monumental por parte de la UE a la hora de gestionar la crisis: la imposición de que parte del rescate se costeara con todos los depósitos de los bancos de Chipre, incluyendo los inferiores a 100.000 euros, teóricamente intocables. El parlamento chipriota, como era de esperar, no aceptó las condiciones, lo que mostró las vergüenzas del Eurogrupo, con episodios tan lamentables como Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, gritando “Yo no he sido”

Ante semejante chapuza, se impuso un necesario plan B. La troika llegó a un acuerdo con el gobierno de la isla de modo que sólo se vieran afectados los depósitos no asegurados (los de más de 100.000 euros), salvando así la inminente bancarrota de Chipre in extremis, para variar. Los mercados celebraron enormemente la decisión, aplaudiendo las extremas medidas de austeridad incluidas en el acuerdo, regocijándose y reduciendo la presión sobre los países que corrían el riesgo de contagio… durante apenas unas horas.

Foto: Cantabria Liberal
Ese es el tiempo que tardó el anteriormente mencionado Jeroen Dijsselbloem en, hablando en plata por última vez, joderlo todo una vez más indicando que lo ocurrido en Chipre podría servir de modelo para futuras crisis bancarias en otros paísesY de nuevo los mercados desatados, la prima de riesgo de Italia y España por las nubes, la Eurozona tratando de rectificar lo antes posible para que no cunda el pánico… el ciclo habitual.

En conclusión, la increíble bola de nieve chipriota que se ha formado en los medios de comunicación es el resultado de tres factores: la –ya habitual– pésima gestión de las situaciones de crisis por parte del Eurogrupo, la imagen romántica de un país relativamente insignificante resistiendo el desmedido embiste inicial de la troika alemana y, finalmente, las desafortunadas “perlas” que a lo largo de todo el conflicto han ido dejando los líderes del Eurogrupo en forma de declaraciones. Estos factores, unidos a la volatilidad de los mercados y su capacidad para mojar los pantalones ante la mínima señal de riesgo, han hecho del diminuto país un gigante mediático.

Espero que todo haya quedado más o menos claro. Nos vemos en la siguiente crisis. No creo que tarde mucho.

Viñeta por Andrew Sheets

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