jueves, 25 de abril de 2013

De por qué se han hecho mal las cosas con el tema Jorge Santiago

En primer lugar: para aquellos que acudan en busca de barro, no voy a valorar o juzgar las –supuestas– acciones de Jorge Santiago Barnés que han aparecido en la prensa local esta mañana.  Tampoco voy a comentar su posterior comunicado, pues considero que la información que nosotros alumnado poseemos es, en primer lugar, escasa y, en segundo pero no menos importante, inevitablemente parcial.

Me voy a ceñir únicamente al modo en el que se están desarrollando los acontecimientos. Esencialmente en dos puntos: la responsabilidad de las autoridades de la universidad en este asunto y nuestra propia responsabilidad como alumnado.

Hablando de lo mal gestionado del tema desde arriba (y no hablo de ninguna persona en concreto pues desconozco la cadena de mando en estos procedimientos): han demostrado mucha ignorancia, mucha cobardía, o, probablemente, algo de cada. Cualquier alumno mínimamente atento al día a día de la facultad sabía sobradamente que algo ocurría, pese a que la mayoría no supiera de qué se trataba exactamente. El nombre de Jorge Santiago sonaba mucho en la rumorología del día a día de la facultad, y no eran pocos los profesores que eran conscientes del conocimiento de los alumnos sobre los eventos ocurridos. Es más, toda duda que pudiera tener la institución sobre si el alumnado estaba al tanto de los sucesos ocurridos debería haberse disipado el pasado 21 de abril cuando la recién creada cuenta de Twitter @upsasubterranea difundió por la red social lo que muchos ya sabían, pero muchos otros no.



Es decir, muchos alumnos estaban informados. Peor aún: estaban mal informados. Y los rumores más disparatados empezaron a correr frenéticamente.

La ironía del tema no es poca: la capacidad de comunicación de la Facultad de Comunicación ha demostrado ser pésima. Que el tema saltara a la prensa era cuestión de tiempo, y ese tiempo debería haber sido aprovechado por la institución para hacer llegar a los alumnos algún mensaje que impidiera el revuelo que se está viviendo en este momento, y que hace que muchos nos preguntemos si no había otra forma de proceder.

En definitiva: las maneras en la que los alumnos se han ido enterando del tema han sido muchas y variadas, pero ninguna de ellas ha tenido que ver con la institución. Y eso, viniendo de una facultad que pretende inculcar en sus alumnos una ética y un compromiso a la hora de informar, es triste.

Pero ahora viene la parte de responsabilidad que nos incumbe a nosotros, el alumnado, y que no es poca. Creo que es aplicable a todos, pero voy a centrarme en la que es mi carrera y en la que resulta más flagrante el tema: periodismo.

Nadie se ha cortado un pelo a la hora de difundir rumores sólo porque “habían oído por ahí que…”. Parece que estos años estudiando no han servido para nada. Ha sido una de nuestras primeras oportunidades para demostrar que no sólo somos unos universitarios cualesquiera, sino que somos –o pretendemos ser– periodistas. Y no deberíamos fiarnos de los rumores que se gestan en una facultad, y mucho menos darles voz, máxime cuando incluyen a profesores y vicedecanos por los que muchos de nosotros poseemos cierto afecto o guardamos un agradecimiento. Deberíamos haber adoptado una actitud responsable hacia el tema y haber puesto en práctica aquello que se supone que hemos aprendido: antes de hablar de un tema comprometido, comprobar fuentes.

Ahora ya es tarde, pero tenemos otra posibilidad ante nosotros: cómo reaccionar ante los eventos que han sucedido. Basta con ver los comentarios de las noticias en la versión online de la gaceta para observar como un batallón de alumnos y exalumnos se dividen entre pro-Jorge y anti-Jorge. Me parece una forma muy irrespetuosa, aprovechada y precipitada de reaccionar a los sucesos. ¿No queremos ser periodistas? Mejor dicho, ¿no queremos ser buenos periodistas? Pues bien, actuemos como tal. No dejemos que nuestras experiencias personales con un profesor nos condicionen a la hora de elaborar juicios de valor sobre temas tan serios. Ciñámonos a los datos verificados, las fuentes fidedignas y, sobre todo, al respeto hacia la verdad, y no hacia la rumorología estúpida y habitual que ha propiciado esta situación.

Si queremos algún día ser buenos profesionales, empecemos actuando como tal.